Yo soy un negro, mátenme

Mis parientes lejanos fueron cazados con horquetas

y traídos a rastras desde África.

Cualquier bicho con concha y un poquito de labia

se siente aquí un conde,

y si es medio blanc6n con tipo europeo, tanto mejor,

se lanza a la rapiña cual blanco aventurero o indio emperador.

 

Los españoles nos trajeron pantorrilla, se creyeron

con mucha pepa, nuevos incas, unos incas fulleros

mercaderes de baratijas occidentales y cristianas.

El Perú es un país con tradici6n autocrática;

la Conquista y la Colonia le agregaron feudalismo,

Inquislci6n y otros ismos;

la República, ciento y pico años de pillaje militar.

 

Achoramiento y pendejada crecen con los nuevos partidillos,

cómo crecen las sombras cuando el sol declina,

máxime ahora que nuestros stalino-maoístas antediluvianos

se empeñan en cocinarnos una salsa sectaria con picante polpotiano

y culto stalinista de la personalidad

 

Quede bien claro: no me vacilaron nunca avivatos ni caudillos

ansiosos de formar sus propios estanquillos o monarquías hereditarias;

soy poeta en la fragua, marginal, contestatario

engendro de mi país violento, burlón y sensual.

Yo no me corro de las lacras de mi tierra que amo y que edifico con pasión tropical.

 

Curado estoy de ismos.

No creo en ningún dios, mucho menos en charlatanes y mascarones.

 

Pero en algo hay que creer, decía mi mamá.

Creo en una revolucl6n con poesía.

Creo en la verdad que dé muerte a imposturas.

Creo en mí mismo y en la voz de mi conciencia;

creo que voy a vivir y a morir como un guerrero antiguo

mano en el hacha, y que entrará en el jardín de las walkirias

con esta espada mocha y esta voz aborigen gritándoles:

 

¡Yo soy un negro, mátenme!

 

(inédito)

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