Otro día

Ha entendido que cada día es un día.

Domina su cuerpo, evita el calambre

y esa tembladera de terror del pulso.

Levanta la cabeza y por nada del mundo

mostrará a esa hora su dentadura, sus orejas,

los pelos que le quedan al borde del cráneo.

Es un asunto de autocontrol.

Logra dominarse, no entrar en pánico,

mantenerse erguido.

Su tío le confesaba que de llegar a viejo

y convertirse en un inútil dependiente de los suyos

se metería un disparo a quemarropa en la boca.

No lo puede creer:

esa edad nos alcanza si es que no morimos antes.

Llegar a viejo es todo un tema.

Es un aprendizaje ni lento ni apurado.

No forma parte de los cursos que dictan

aquellas señoritas fachosas en la universidad de la experiencia.

Nada de esto se sabe.

Es un completo desastre si se toma muy a pecho.

El consejo es simple, además de natural.

Desaparecer, no dejarse ver entre propios y extraños,

hablar lo necesario, expresarse con las justas

y verle la cara de tonos claros antes de cerrar la puerta.

Se trata de otro día.

 

 

 

(de Grito bajo el agua)

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