Memorias, 3

Flotan los vilanos en la habitación en el aire. Navíos transparentes de ni una a ninguna parte, ondulan como las olas de un mar aquietado u mudo. Un cuerpo que ya no sueña abre sus venas a la luz, asoma al inútil balcón del tiempo.

El habla de las paredes tiene un acento familiar, repite el enfebrecido tono que los años no apagan. Sílabas sin consuelo muerden más tarde. Nada de qué sujetarse. Solo la transparencia, el abandono, el pasmo.

Ninguna ruta me devuelve ya el espacio de la sombra. Logré escapar tras su cuerpo y me quedé sombra yo en el aire. Pobre esqueleto iluso que trajina este cielo.

 

 

(de Arte de la noche)

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