Mar

No hay orillas para la frente que tantea

para tus pies conmovidos no hay orillas.

Te has alzado en cánticos y cúpulas

y te demoras golpeando

como una campana

contra las espaldas del acantilado

llamando hondo

derrumbándote llamando

derrumbándote ya como un mendigo

con toda su escudilla abierta

por el amor de Dios y entre las ruinas.

 

 

(de Prueba de galera)

Comentarios: