La cara de mis hijas

Este cielo del mundo siempre alto, 

antes jamás mirado tan de cerca, 

que de repente veo en el redor, 

en una y otra de mis ambas hijas, 

cuando perdidas ya las esperanzas 

que alguna vez al fin brillara acá 

una mínima luz del firmamento, 

lo oscuro en mil centellas desatando; 

que en cambio veo ahora por doquier, 

a diario a tutiplén encegueciéndome 

todo aquello que ajeno yo creía, 

y en paz quedo conmigo y con el mundo

por mirar ese lustre inalcanzable, 

aunque sea en la cara de mis hijas.

 

 

 

(de El libro de los nones)

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