El atarantado

Atarantado, atortolado siempre,

en un tal tamañito apachurrado,

         a ras de las alturas

         yazgo de mi talón.

 

Me chupo, me atarugo mal mi grado

y en vez de las luciérnagas cerúleas,

         grillos vuelan, revuelan

         en la olla de mi cráneo,

 

mientras que a este umbroso paladar,

sin gota de saliva entrecogido,

         lo azoran y lo riñen

         las sosas y magnesias.

 

En tal manera me emborrico apriesa,

como cualquier acémila de carga,

         y grave es la ocasión

         porque prole yo tengo.

 

Tarumba vuelto, en fin, y ya sin fuegos

por yerros de la cuna hasta la tumba,

         y en tanto despabílome

         no más con estos versos.

 

 

 

(de Por el monte abajo)

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