Conciencia de la poesía

Un día el polvo será también un hombre.

 

 

La poesía no es un polvo, la poesía es algo serio.

La poesía es el Sol espiritual del hombre.

Es más que la tierra sagrada, tierra máter bajo la cual yace joven el polvo.

El polvo de muchos inmortales, caminantes, de huesos musicales

Desde Homero, Virgilio, Dante, Petrarca, Shakespeare, Goethe, Shelley y Keats;

Baudelaire, Whitman, Dylan Thomas, Eguren, César Moro, Vallejo...

En fin, todos aquellos que prefirieron vivir poco en el presente.

Esos hombres locos, medio santos o endiablados a quienes nada importaba

Cómo y dónde vivir si había que comer dónde dormir sin fornicar;

Que no tenían en su diccionario la palabra comprar.

La palabra poder, la palabra triunfar.

 

Ellos ni siquiera daban la impresión de estar en este mundo,

Vivían y morían más bien como sonámbulos.

Escribían, rescribían. Volvían a escribir sin proponerse nada.

Nunca envejecían.

Eran callados, modestos, solitarios, mal comidos, mal educados,

Subversivos, excluidos, jóvenes marginales.

Siempre comportándose mal, hablando solos, despreciándolo todo.

Profiriendo frases ofensivas, incoherencias

Que solo ahora nos asombran por su exactitud y su belleza.

Ellos tenían plena conciencia y una amorosa reverencia por la verdadera poesía,

Se amancebaban con ella, la preñaban, le hacían hijos díscolos

Que más tarde nunca reconocerían como propios.

Porque vivían y sufrían solos, es decir, fundidos a ella ¡íntimamente!

A veces la llegaban a sentar sobre sus rodillas y 1a sentían amarga, ligera de cascos.

Aun así, la amaban y se entregaban a ella, solo a Ella.

Palabras mayores, sangre del espíritu: tierra sagrada, tierra máter.

Sombras de nuevas tribus, fiebres diferentes.

Hado, sino y azar de nuestros muertos que regresan más inspirados que nunca,

Para despertar a los nuevos Hamlets y otros secretos más terribles.

Detección de nuevas escrituras, nuevos crímenes, nuevas contaminaciones;

Y ánimas lloronas, suplicantes, asesinas, vagando por la llanura de Asfódelos,

Donde Ulises descubrió a Aquiles deambulando en silencio, varios siglos, pensativo.

Todo el pasado, el futuro, la cordillera ancestral llena de tumbas, ruinas, spóndyillus

y fosas clandestinas. . .

 

 

 

(de Páginas de un diario, incluido en Memoria de mi desnudez)

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